En las lnubes

Las brujas de Salem. A partir de la letra W

Carlos Ravelo Galindo

Las brujas de Salem. A partir de la letra W

Periodismo

Mayo 28, 2020 22:20 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › tabloiderevista.com

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Carlos Ravelo Galindo, afirma:
Entusiasmados con la Letra Escarlata que nos comenta nuestro colega chiapaneco, avecindado en el Distrito Federal, hoy CDMEX, Roberto López Moreno demos lectura a su prosa.

Con la letra W, en español, se inicia la palabra Wichita, el nombre de un grupo étnico que habitaba las extensiones norte continentales y que nada sabían del puritanismo que un día iba a cruzar el océano para avasallarlos.

También desde el español se puede componer la expresión washingtoniano, para designar a los originarios de la ciudad que representa la unión de los estados que se formaron después de cruzado el Atlántico.

Con la letra W, en inglés, se puede decir wacky, para denominar lo absurdo.

También se puede decir weeping, para referirnos al llanto.
Ahora, la W se va a convertir en nuestro eje.
Cuando llegaron los puritanos a las costas atlánticas americanas el fanatismo instauró lo absurdo y el llanto, wacky and weeping.
Una de las primeras ciudades fundadas fue la de Salem y aquí no entrarán a participar en el texto asuntos fílmicos, ni escenográficos, sino hechos reales, que fueron dentro de los marcos históricos.
Una de las grandes fechorías de la sociedad puritana fue su cacería de brujas llevada a cabo después de los juicios de Massachusetts en 1692.

Los enconos entre los fanáticos hizo que en Salem se condenara bajo cargos de brujería, como resultado de la gran histeria que en ese sentido habían desatado las autoridades en la región, a hombres y sobre todo a mujeres a quienes finalmente no se les pudo probar nada.

Durante aquellos acontecimientos fueron ejecutados siete hombres, trece mujeres y 400 personas más fueron arrestadas y enjuiciadas.
Todo esto provocó un torrente de acusaciones falsas entre los habitantes.

Bajo signos de extremismos religiosos creció un caudal de procesos amañados entre los que incluso fue acusado, para evitar la ira de Dios, hasta el presidente mismo de la Universidad de Harvard.
Todos se espiaban y se delataban, todos se acusaban, todos se indiciaban… histeria absoluta… demencia colectiva.
En los interiores las libertades individuales eran manoseadas morbosamente por el exterior investido.

A tal grado había llegado el absurdo que el propio gobernador William Phillips tuvo que perdonar 18 meses después a los sospechosos que todavía no habían sido ejecutados.
Cuatro años después de estas deformaciones aquí relatadas, los jurados que habían dictado sentencia desde su celo en preservar lo moral, lo casto, lo puro, se vieron obligados a firmar una confesión de error para reiniciar de esa manera una nueva página de su historia.
Uno de los jurados más feroces, quien incluso se negó drásticamente a firmar esa confesión de error fue William Hawthorne, bisabuelo del escritor Nathaniel Hawthorne.

Aquí, en este punto, nos vuelve a aparecer la W que habíamos anunciado como eje de este texto.
Wichita, washingtoniano, wacky, weeping, etnia, gentilicio, absurdo, llanto y aparece una W más, la que Hawthorne agrega a su apellido para diferenciarse por ese medio lo más posible de la infamia de su antepasado.
Y no sólo eso, sino que escribe una de las novelas clásicas de la literatura estadunidense:
La letra escarlata, en la que hace una severa denuncia de los hechos ocurridos y de los graves daños que pueden provocar en las sociedades y en los individuos el fanatismo y la intolerancia religiosa. De la novela escrita por Nathaniel se desprende que los puritanos de 1620, que desembarcaron en Cabe Code, los de 1650, que ya poblaron por miles la zona, es el año en el que se ubica su
novela, se parecen mucho a los puritanos de hoy y de siempre.
En todos los casos su cerrazón puede llevar a la muerte.
craveloygalindo@gmail.com


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