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La independencia pide permiso

José García Sánchez

La independencia pide permiso

Política

Octubre 21, 2017 15:52 hrs.
Política Nacional › México Ciudad de México
José García Sánchez › diarioalmomento.com

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Cuando el Presidente de México, Enrique Peña Nieto da el grito de Independencia las noches del 15 de septiembre y habla de los héroes que nos dieron patria, incluso exaltado, seguramente pensará que esa independencia fue una concesión de la corona española, a pesar de que hubo más de un millón de muertos en la entonces llamada Nueva España.
Si el jefe del Ejecutivo federal argumenta que él no había nacido para constatarlo tiene mucha razón, pero sería en lo único que le asiste la razón, porque el desconocimiento de la historia propia hace de la ajena un simulacro de tiempos únicamente.
La lucha por la Independencia de México surge en el Bajío debido a que era el principal centro distribuidor de alimentos del país, el centro del abasto de frutas y legumbres, sobre todo hacia el norte, donde una sequía mató de hambre a más de 300 mexicanos pobres, creando el ambiente propicio para el levantamiento en esa parte del país. A la corona española no le importaba que hubiera sequía, el trono seguía cobrando el tributo de su manutención, a pesar de que de la Nueva España se fortalecía económicamente, tal y como ahora sucede respecto a Cataluña.
Pero esta vez el presidente Peña Nieto se olvidó lo que dijo en el Palco Presidencial de Palacio Nacional y fustigó a los catalanes que votaron mayoritariamente por su independencia, pensando todavía que no es acto libertario sino una concesión del país que los mantiene colonizados.
La opinión de Peña Nieto no es el mismo parecer de los mexicanos respecto a Cataluña, su postura no sólo es de derecha sino servil, y la política mexicana se ve envuelta en una vorágine de improvisación que puede llevar al país a ser un simple lacayo de los poderosos ante los ojos del mundo y de los propios mexicanos.
"No podemos reconocer decisiones unilaterales que contravengan el orden legal", dijo Peña Nieto, como si le hubiera perdonando la vida la corona española a Hidalgo, a López Rayón, a Morelos, a Vicente Guerrero, y a otros muchos.
Hace años el derecho internacional que practicaba el gobierno mexicano tenía como base sólida el libre derecho de la autodeterminación de los pueblos, concepto que le dio renombre a nuestra política exterior. Pero como ahora tenemos a un secretario de Relaciones Exteriores que prometió aprender sobre la marcha la diplomacia como si se tratara de un curso de macramé, y México se hace cada vez más prescindible en la escena mundial, actuando más como una monarquía, con la que sin duda se identifica, que como una democracia del siglo XXI, ahí están los Borbón del otro lado del océano, pero aquí están los Del Mazo.
Lo único que le hace falta al grupo en el poder para ser parte de la nobleza mexicana es una marcha real que puede llamarse el Himno de Atlacomulco. Por lo demás hay más coincidencias que diferencias con la monarquía, vista desde los siglos y a través de la historia como una clase parasitaria que requiere de Cataluña, en el caso de la península, para fortalecer sus finanzas.
Las independencias no son concertacesiones, allá no hay INE, sino luchas que arrebatan al poderoso la libertad a través del ejercicio democrático del voto.
Ningún mandatario que se diga democrático puede negar el valor y la trascendencia del voto, aunque en las elecciones del pasado 4 de junio en el estado de México haya sucedido así.


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