En las Nubes

Comienza a vivir de nuevo (dos)

Carlos Ravelo Galindo

Comienza a vivir de nuevo (dos)

Entretenimiento

Noviembre 01, 2016 17:22 hrs.
Entretenimiento Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

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Tiene razón doña Rosa María Campos cuando nos permite concluir que quien muere comienza a vivir de nuevo. Filosofía cierta. La explica con así:
’Nuestros ’tatas y nanitas’ prehispánicos no consideraban a la muerte como tal. Para ellos quién moría pasaba a otra dimensión de vida, se transformaba en agua, aire, tierra y fuego’.
’En el altar, ofrenda de veneración que montamos para nuestros difuntos, incluimos comidas, bebidas, veladoras, flores e incienso o copal.
Cada uno de los objetos que ahí aparecen, tienen un significado especial, que requieren de un sin número de rituales, como suma del sincretismo entre creencias prehispánicas y europeas. Ejemplo:
El altar siempre se presenta sobre una mesa cubierta con un mantel blanco, en el cual se yergue un portal, adornado con flores, que nos recuerda la entrada de los difuntos al mundo de los muertos.
Sobre el mismo se encienden veladoras para cada uno de los familiares fallecidos.
Al hacerlo se llama por su nombre al finado. Junto a las velas se presentan ramilletes de flores de temporada, como el anaranjado Cempasúchil o el ’Moco de Pavo", de flores hojas, casi moradas, que significan la sangre de Cristo y la Resurrección.
Se adorna el altar con papel picado color morado, por el luto cristiano y color naranja por el luto azteca.
El papel picado en diseños geométricos negros continúa con la tradición prehispánica: el Tlilan, lugar de la negrura y el Mictlán, el sitio de los muertos.
En algunos altares se presenta una cruz grande de ceniza para que el ánima expíe culpas pendientes y otra más pequeña, para que las ánimas del purgatorio continúen su viaje hasta la presencia del Creador.
La costumbre de los cuatro cirios en cruz es por los puntos cardinales que guiaran a los muertos a encontrar su camino.
Las tres calaveras pequeñas que suelen aparecer en la ofrenda son para la Santísima Trinidad. La grande es para el Padre Eterno.
El agua del Altar tiene que ser fresca y muy limpia para que los difuntos se mojen los labios resecos por el largo viaje realizado desde el más allá.
El licor, que nunca debe faltar, para que recuerden los ratos felices en su vida terrenal. El incienso o el copal tienen la función de limpiar con su aroma el lugar y atajar los problemas.
De la comida, los difuntos se llevan su olor y se deleitan con los sabores.
En algunas ofrendas se encuentra un machete o una vara de rosal para ahuyentar a los malos espíritus que tratan de impedir que los finados se acerquen a disfrutar de sus obsequios’. Taca.campos@gmail.com
Y como corolario o conclusión de este trabajo nos brinda también algo poético:
’¿Es verdad que se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra.
Aunque sea oro se rompe.
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra’.
Pero, como diría don Raúl Velasco, en ’Siempre en Domingo’, aún hay más, de ella, doña Rosa María.
Mañana el tercero, y fin, con ánimo de enterarnos más
craveloygalindo@gmail.com



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